Familia Medina

Familia Medina

Francisco Omar Villar y Yunni Medina

Somos  una pareja  que llegamos a la iglesia sin estar casados, con una relación de 23 años y con hijos ya adolescentes.  Yo tenía otra relación con otra mujer, la cual también tenía hijos de las mismas edades que los míos. Me sentía en una encrucijada porque cada día la palabra me confrontaba, pero no podía decidirme con quién debía quedarme a formalizar una relación, si con mi esposa o con la otra persona, pero sabía que debía salir del pecado de  fornicación en el que me encontraba.

Quería cambiar mi condición, pero no sabía cómo hacerlo. Necesitaba cambiar mi vida, no solamente sentimental sino también familiar, económica y espiritual. Mi esposa y yo hacíamos planes de mudarnos porque era necesario sacar esos niños del lugar donde vivíamos, creíamos que esto podría ser parte de la solución a nuestros problemas.

Yo tenía dos casas, pero no tenía un hogar, y aun en la iglesia no sabía por cuál de las dos familias iba a decidir para estabilizarme.  Tenía mucha inseguridad, pero solo pensaba en mis necesidades y así me mantuve en un doble papel por mucho tiempo.  No sabía qué hacer y esto me ponía más furioso, llegando a maltratar más a aquellos que estaban a mi lado, viviendo una vida llena de temores al no poder tomar una decisión firme.

Mi esposa vivía llena de incertidumbres, porque no sabía si yo llegaría a la casa o  si me quedaría con la otra, y esto la hacía que mantuviera una vida llena  de angustia,  acompañado de mis arrebates furiosos, llena de dolor, aún más al ver que no le daba la importancia a ninguna de sus necesidades. Llegué a ir con una y otra a la iglesia, viendo el tiempo pasar y las cosas empeorarse, llevándome a tomar una decisión no muy firme, pero sabía que algo debía de hacer, y ahí tome la dirección de casarme con una y alejarme de la otra.

Escuché en la iglesia hablar del Retiro de Parejas Plenitud y sentí la necesidad de dirigir mi vida a una estabilidad. Me entusiasmé al oír cómo el retiro podría cambiar nuestras vidas y me  empuje a ir, pero para eso debía de casarme por lo civil; lo hice con muchos problemas y baches en mi mente, pero con la convicción de que en el retiro había algo que podría ayudarme. Comenzamos a planear casarnos, y teníamos unos ahorros que  eran para mudarnos a lugar un poco mejor,  y mi esposa con un interés despierto de tener un hogar más estable, prefirió posponer la mudanza e invertirlo en ir al retiro.

En ese tiempo, nuestros problemas se agudizaron debido a los celos, pero aun así fuimos al Retiro, llenos de resentimientos, dolor, ira, inseguridades y temor, con raíces de amargura y con nuestros corazones endurecidos a causas de todo los maltratos causados,  y ahí comenzó  una verdadera lucha, porque entre nosotros habían muchas heridas a raíz de mis maltratos físicos y verbales que les hacía a ella y a mis hijos, porque yo era un hombre con una ira incontrolable y la golpeaba por cualquier cosa, los celos entre nosotros y la desconfianza nos impedía tomar una decisión de saber si verdaderamente queríamos estar juntos para el resto de nuestras vidas.

Cuando llegamos al Retiro Plenitud 2012, aun allí, tuvimos problemas, discutimos y hasta nos dijimos que debíamos divorciarnos habiendo tenido solo dos semanas de habernos casado, pensamos de que había sido un error lo que habíamos hecho y que habíamos gastados nuestro dinero en balde. Aun así ya estábamos allá y fuimos a la primera plenaria, uno por delante y el otro más atrás, pero cuando las conferencias fueron impartidas cada palabra fue impactando en nuestras vidas y nuestros ojos fueron abriéndose al conocimiento de aquellas cosas que una pareja debe saber. La ministración del perdón fue lo que más produjo un rompimiento para darnos cuenta que debíamos cambiar la manera en que nos habíamos tratado todo ese tiempo, pudimos reconocer y sanar las áreas maltratadas verbal y físicamente, aprendimos a cómo tratarnos de igual forma como una sola carne, aprendimos a luchar con el reconocimiento de nuestras áreas que debíamos cambiar para llegar a ser ese matrimonio que Dios había dispuesto que fuésemos, a tener abierto el canal de la comunicación y mantener la mejor disponibilidad de seguir dejarnos trabajar por Dios. Nunca había visto a mi esposa como Dios me enseñó a verla desde ese momento, aprendí a ser un verdadero sacerdote, a cuidarla como el vaso más frágil  y a tomar la responsabilidad de guiar a mis hijos por el buen camino de la palabra, entendí como ser el nutridor emocional de mi familia y de cómo reparar los daños que había cometido e ir sanado y cultivando el amor de Cristo en nuestros corazones.

Más luego Dios nos bendijo, y  de manera milagrosa, alquilamos una casa más grande de lo que estábamos buscando, con un  mejor precio, mejores condiciones y en un sector mucho mejor del que habíamos pensado mudarnos, fuimos bendecidos en todas nuestras áreas después del Retiro Plenitud 2012. Ahora es que nos conocemos y verdaderamente nos amamos, teniendo por muy en claro que lo que Dios unió no lo puede separar el hombre.

Plenitud 2012, nos ayudó  no solo a descubrir que verdaderamente nos amamos sino que nos motivó a casarnos por la iglesia y a entregarle nuestro matrimonio al Señor.

Este año volvemos al Retiro de Parejas Plenitud,  y te  invitamos a que tú también seas parte este retiro.  Deja que Dios cambie tu matrimonio, te aseguro que será una experiencia que jamás olvidarás.