Familia Hernández

Familia Hernández

Daniel Hernández y Karina de Hernández

Al casarnos, mi esposo y yo vivíamos un matrimonio solo de apariencia, ya que las múltiples diferencias era el día a día de esta supuesta relación.

Parte de los mayores problemas que teníamos era que mi esposo, al ser el tercer hijo, su madre no aceptaba que él se había casado y que ya él tenía una responsabilidad en su hogar, también por  la presión familiar que   él recibía, tan así,  que lo que su madre dijera era más importante de lo que pudiera decir yo, y esto traía como consecuencia un problema mayor en nosotros.

Con el tiempo esto me llevó a  pensar que debía  dejar la relación, ya que no veía un esfuerzo para mejorar o salir de esta situación.  Me convertí en la  esposa controladora  y manipuladora, al  punto, que en la casa era la que tomaba todas las decisiones, y  no le daba la oportunidad a mi esposo para que él ejerciera su posición en el hogar;  llegó un momento que ya no me interesaba tener nada con él.  El apego que él tenía con su familia me llevó a tomar aptitudes de rechazo.

Discutíamos mucho, todos los fines de semana peleábamos y no había ningún tipo de comunicación entre los dos, tan solo diferencias y pleitos, en varias ocasiones pensé divorciarme aunque nunca se lo dije, pero era mi sentir.

Al participar en  plenitud 2012, de manera increíble cada palabra que fue impartida en cada una de las conferencias nos confrontó, de manera tal que empezamos a identificar todos los errores que estábamos cometiendo de manera individual.

Cuando el Dr. Myles Munroe hizo un llamado para las parejas que tenían problemas fuertes en su matrimonio, nosotros pasamos adelante,  y Dios usó a nuestra Pastora y Madre espiritual  para orar por nosotros. Desde que ella dijo: todo espíritu de contienda y pleito se va en el nombre de Jesús. Nuestra vida cambió inmediatamente.

Yo fui libre del  espíritu de Jezabel y mi esposo se alineó dejando toda apatía que estaba enterrando nuestro matrimonio. Al ministrarse la falta de perdón, ambos nos perdonamos ya que antes no podíamos hacerlo, pero al ser libres pudimos cerrar todo ese pasado.

Después de  Plenitud 2012,  todos nuestros problemas se arreglaron y mi esposo comenzó a darme el valor como su esposa.  Estamos comprometidos con la visión de la iglesia,   ambos estamos sirviendo  en la casa y  estamos  en el instituto de liderazgo.

Dios se glorificó en nuestro matrimonio,  y hoy puedo testificar que soy una ayuda idónea y él un sacerdote de su casa.