Familia Salcedo

Familia Salcedo

Ciertamente, en nuestro matrimonio hemos visto claramente la bondad de Dios. Nuestras vidas eran un infiernoy el diablo nos tenía prisioneros. En mi caso, me había encadenado con enfermedades catastróficas de las cuales mi Jehová Rapha me sanó de todas, mediante la oración y la declaración profética de mis Pastores el Apóstol y la Profeta Bogaert. Vi la mano de Dios cuando ningún doctor me daba esperanzas; fue allí cuando el hombre termina, que Él empezó a obrar. A mi esposo, el enemigo lo tenia totalmente sumergido en el horrible mundo de las apuestas de juegos de pelota y en la pornografía. Esta combinación

de desastres hacia de nuestro matrimonio un lugar invivible del cual no veíamos salida. Ambos éramos miserables y no queríamos continuar. De mi parte, la única salida que quería era el divorcio. Mi esposo y yo llegamos a Iglesia Monte de Dios en medio de un proceso, el cual sólo Dios podía ayudarnos, el mismo proceso me enseñó a orar por mi esposo por mi familia, por mi matrimonio, en la mañana, en la tarde, en la noche, en la madrugada. Yo le decía a Dios: haz de mi lo que Tú quieras pero saca a mi esposo de donde él está metido. Es ahí donde recuerdo, la invitación que me había hecho una amiga para que visitara la Iglesia, no recordaba el nombre y oré al Señor para poder recordar a donde fue que aquella amiga me había invitado. Una madrugada después de orar me quedé dormida en el piso y escuché

esa voz audible que me decía Iglesia Monte de Dios ese es el lugar que quieres recordar; le digo a mi esposo mi amor para que vayamos a una Iglesia que está en la Kennedy que se llama Monte de Dios y él accedió, le dije a nuestras hijas para que nos acompañaran y ahí estuvimos por primera vez, el 18 de Mayo del 2013, el Señor empezó a restaurar y alinear todo lo que no estaba en orden y alineado. Pero fue en el Retiro de Plenitud que nosotros recibimos la verdadera revelación de lo que nuestro Dios era capaz de hacer en nuestras vidas. Hubo mucha oposición y mi esposo en varias ocasiones se mostraba negado a asistir a las plenarias, pero Dios tocó su corazón y allí fue transformado. Recuerdo que en una ocasión uno de los oradores nos pidió que laváramos los pies de nuestro cónyuge; ese fue el momento en que definitivamente el Espíritu Santo obró en nosotros. Nuestro matrimonio salió del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso en que estábamos sumergidos. Fue allí en donde desistí de mi decisión de divorciarme y fue también allí donde Dios liberó a mi

esposo de todas sus ataduras. Dios hizo su obra completa en todas las áreas de nuestras vidas: restauró nuestro matrimonio, nuestra familia, mi esposo fue transformado de manera sobrenatural. Al día de hoy ambos le servimos y vivimos en un hogar lleno de armonía donde Cristo es el Centro. En Plenitud y en mi Casa, Monte de Dios, aprendí a orar, a esperar, creer y confiar en Él sin desmayar porque Dios lo transforma todo.