Maribel & José Luis Ortiz

Maribel & José Luis Ortiz

Nuestra historia es una que ha sido tejida por Dios y que ya tiene 31 años, en las que, en la mayor parte de ellos nosotros bloqueábamos la obra del Señor con nuestro orgullo, con nuestro egoísmo y malas actitudes. Nos casamos siendo muy jóvenes, y a veces pienso que todos esos errores que cometimos fueron provocados por habernos casados sin el discernimiento de lo que realmente hacíamos, solo por la emoción sin la dirección y el conocimiento de Dios. Nuestro caso, es uno de esos en los que Él se tomó su tiempo y nos fue cambiando poco a poco, sin nosotros siquiera darnos cuenta, pero era realmente una batalla constante, una discusión permanente y un discurrir entre creerle a Dios de que un día veríamos el rompimiento y al otro dia desmayar. Pero Jehova siempre nos levantaba.

Nuestro matrimonio era una sobrevivencia rutinaria, pues José Luis era un esposo ausente, apartado de su posición como sacerdote y cabeza, mientras que yo buscaba llenar ese vacío que tenía, aquello que me faltaba en la búsqueda infructuosa de cosas materiales y viviendo de las apariencias. Buscando en esas apariencias ocultar muy profundo en mi corazón todo lo que sentía y todo lo que necesitaba. Me sentía vacía, y sé que de alguna forma, José Luis también lo estaba pues sus conductas impulsivas eran un indicativo de que a él también le faltaba algo, ambos compartíamos ese vacio mas no sabíamos ayudarnos y por eso nos refugiábamos en las discusiones y los pleitos.

Sin embargo, hay decisiones en la vida que marcan un antes y un después, oportunidades que Dios usa para traer todas sus bendiciones sobre nuestra vida y esto fue para nosotros Plenitud 2018. Este retiro marcó completamente nuestro matrimonio porque fuimos impartidos con una palabra que nos dio la revelación del verdadero rol de cada uno. Nosotros dispusimos nuestros corazones para que cada palabra impartida trajera un verdadero rompimiento. Nos dimos cuenta de que habíamos caído en rutina, en un círculo vicioso y destrucción. Tan pronto empezamos a aplicar las herramientas obtenidas en las conferencias que escuchamos nuestra comunicación empezó a mejorar, nuestra entrega el uno al otro aumentó y empezamos a reinventarnos cada día, a dedicarnos tiempo de calidad, a mostrar interés por cada uno, al estar pendiente de las necesidades de cada uno, tal y como nos enseñaron en el Retiro.

Hoy podemos decir que verdaderamente tenemos un matrimonio y una familia restaurada. Nuestro corazón irradia gratitud a Dios por su fidelidad, porque hoy estamos viviendo el fruto de una oración contestada y a nuestros Padres Espirituales por ser un verdadero ejemplo de que cuando hay un propósito unido a un corazón dispuesto, se puede lograr.